La palabra sicario ha sido utilizada desde hace miles de años, su origen etimológico se remonta a la ocupación Romana en Palestina, donde la secta judía de los “sicarios” también conocida como “celotas”; la empleara para denominar a la persona que escondía un puñal llamado “sica” para asesinar a los romanos o sus simpatizantes.
En Venezuela, se popularizó en 1994 a través del film “Sicario” del Director José Novoa; por intermedio de Jairo su personaje principal pudimos ver en pantalla como un joven adolescente hastiado de su condición marginal, de su pobreza e infierno familiar entra en el mundo de los asesinos a sueldo o por encargo; dispuesto a matar por dinero o morir en el intento.
Estos mercenarios, llevan a cabo todo tipo de trabajos relacionados con el crimen, sus intereses son netamente económicos y ofrecen sus servicios profesionales a quien los requiera.
Básicamente operan de dos formas, eliminando el objetivo en público o de manera “limpia” sin testigos que lo comprometan; en el primero de los casos como Jairo –protagonista del film venezolano- suelen ser jóvenes que hacen del sicariato una forma de sobrevivir; en el segundo generalmente se trata de ex integrantes de cuerpos policiales o militares con formación y experiencia.
El modus operandi para acometer este delito puede ser a pie o con motocicleta; dada su versatilidad para desplazarse y huir. El sicario, puede actuar de forma aislada o en pareja y selecciona el sitio donde ejecutar el crimen y “cumplir con el encargo” según las facilidad del escape y el factor sorpresa. Todo sicario debe asegurarse de que su tiro sea certero, por lo cual generalmente disparan a la cabeza de la víctima.
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